Bolivia - Año 1 - Nº 17 - Octubre 2017



¡MASACO DE VÓMITOS!

Rojo Peláez.
Periodista.


No solamente memoria; tampoco testificación. Resistencia contra el abuso de poder de una Diarquía tiránica en Bolivia que hace un “masaco” con las leyes que cocina, sanciona, aprueba y promulga. Se “asan y muelen” normas al gusto del egocentrismo de los gobernantes.


Otra ignominia del crimen organizado.

Pese a que en 35 años de democracia ininterrumpida, se institucionalizó el crimen organizado, una patria digna, no perecerá ante el autoritarismo. Sus hijos resistirán la violencia alentada por las cúpulas de la política partidaria. Lo delincuencial embarnizado de democracia, no consolidará una tiranía corrupta, incluso con el apoyo de las armas militares y policiales, adquiridas con los impuestos de los contribuyentes, en medio del “masaco” de marras.

Antes, los tanques, las metrallas y las botas militares encontraban “a sus escogidos”, Ahora, cuando la información y otros géneros periodísticos transmiten y apologizan al abuso de poder que mal utiliza los “votos”, se fortalece la perversidad del orden establecido. El funcionalismo oportunista, casi nunca está desocupado.

Referirse a los que “asan y muelen normas”, no implica “pringarles porquería”. Es interpelar y censurar la conducta criminal cuando esgrime que es inconstitucional violentar el “derecho humano”, ciudadano y político de perpetuarse en el poder, del presidente Evo Morales Ayma y demás autoridades.

Los ciudadanos rechazan este nuevo “vómito de soberbia de los que trituran las leyes que se les antoja”. No es un asunto muy personal y menos que, en una casa que no es hotel, los presuntamente engañados por una mentira, aparezcan como “paladines” de la verdad. Los “cambistas” cambian de propagandistas, privatizadores, capitalizadores y nacionalizadores.

Resistir es establecer que la deshonestidad no es racial y política, sino cultural, porque el resentimiento, odio y venganza motorizan su accionar interno y externo. Es evidenciar dialécticamente que la racionalidad humana creada es degenerada irracionalmente por el raciocinio del hombre. Si algo debiera haber “evolucionado”, es el funcionamiento del cerebro para ejercer y no medrar del poder público.

SÍ, y para identificar a los autores del “MASaco de vómitos”, no es imprescindible informar desde un hospital citadino o una vivienda rural, que una mujer-madre puja dolores para alumbrar, dar a luz y/o parir un hijo. Así, se parafrasea y establece periodísticamente, el empecinado y perverso afán de usufructuar de las arcas públicas.

La fe justificada por sentir sin ver lo eterno y desechar los placeres pasajeros, no tiene lugar para algún matiz de orgullo espiritual. Las sucesivas generaciones humanas durante seis mil años, no disciernen que la justicia de Dios es la única eterna e inmutable. Muestra el carácter de ese ser divino. El ateísmo no desmiente su existencia, intenta minimizarla.

El albedrío no es forzado, enseña la Biblia. El bien no recurre a aparatos partidarios para, con prebendas, los hombres se preparen para una vida eterna. El mal impone su YO para satisfacer sus intereses subalternos, por eso los hombres que ostentan y abusan del poder, se jactan de los delitos que cometen en la administración de la cosa pública.


El gobierno secreto mundial raya la cancha para que la falta de escrúpulos juegue y gane cuando “tritura leyes y soslaya e incumple sus compromisos como mejor le parece”. Es por esto que los “estupros constitucionales y físicos del poder” permanecen impunes, porque además, la dignidad de las víctimas tiene arrugas de corrupción, temor, indefensión, indiferencia, displicencia y permisividad. (Leer más)